Durante los últimos años, la inteligencia artificial ha dejado de ser una tecnología reservada para las grandes compañías tecnológicas. Hoy forma parte del día a día de miles de organizaciones que utilizan herramientas capaces de redactar documentos, analizar información, automatizar procesos, atender clientes o apoyar la toma de decisiones. Sin embargo, junto con estas oportunidades surge una nueva responsabilidad: utilizar la inteligencia artificial de forma segura, ética y conforme a la normativa.
En este contexto nace el Reglamento de Inteligencia Artificial de la Unión Europea (RIA o AI Act), la primera norma integral del mundo destinada a regular el desarrollo, comercialización y utilización de sistemas de inteligencia artificial. Aunque muchas empresas consideran que se trata de una regulación pensada únicamente para grandes corporaciones, la realidad es muy distinta: cualquier organización que utilice herramientas de IA, incluso una pyme o un pequeño despacho profesional, puede verse afectada por sus obligaciones.
Tabla de contenidos
ToggleUn calendario que ya está en marcha
El Reglamento entró oficialmente en vigor el 1 de agosto de 2024, pero su aplicación se está realizando de forma progresiva.
Las principales fechas que toda organización debería conocer son:
- 1 de agosto de 2024: Entra en vigor el Reglamento de IA.
- 2 de febrero de 2025: Se prohíben los sistemas de IA de riesgo inaceptable y se exige la alfabetización en IA del personal.
- 2 de agosto de 2025: Comienzan a aplicarse las obligaciones para los modelos de IA de propósito general (GPAI).
- 2 de agosto de 2026: Entra en aplicación la mayoría de las obligaciones para los sistemas de IA de alto riesgo.
- 2 de agosto de 2027: Se aplican determinadas obligaciones a los sistemas de IA integrados en productos regulados.
Este calendario demuestra que el cumplimiento del RIA no es un reto futuro, sino una realidad presente.
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De hecho, una de las primeras obligaciones que ya deben cumplir muchas organizaciones consiste en garantizar que las personas que utilizan inteligencia artificial disponen de un nivel adecuado de formación para hacerlo de manera responsable.
¿Por qué también afecta a las pequeñas empresas?
Existe la falsa percepción de que el Reglamento solo será aplicable a empresas que desarrollen inteligencia artificial. Sin embargo, la norma distingue entre diferentes actores: desarrolladores, proveedores, distribuidores, importadores y también usuarios o “desplegadores” de sistemas de IA.
Esto significa que una empresa puede quedar afectada simplemente por utilizar herramientas de IA para elaborar informes, gestionar recursos humanos, automatizar procesos internos, analizar currículums, atender clientes mediante chatbots o generar contenido.
El tamaño de la empresa no elimina estas responsabilidades. Lo relevante es el uso que se hace de la tecnología y el nivel de riesgo que puede generar para las personas.
El incumplimiento puede resultar muy costoso
El RIA incorpora un régimen sancionador especialmente severo, similar al conocido en materia de protección de datos.
Las sanciones pueden alcanzar:
- Hasta 35 millones de euros o el 7 % del volumen de negocio anual mundial, para las infracciones más graves.
- Hasta 15 millones de euros o el 3 % del volumen de negocio, para determinados incumplimientos de las obligaciones previstas en el Reglamento.
- Hasta 7,5 millones de euros o el 1 % del volumen de negocio, cuando se facilite información incorrecta o engañosa a las autoridades competentes.
El Reglamento prevé además un tratamiento más proporcionado para pymes y microempresas, aunque ello no supone una exención del cumplimiento de la normativa.
Buenas prácticas para utilizar la IA en el entorno laboral
La creciente utilización de herramientas de inteligencia artificial también ha llevado a distintas instituciones a publicar recomendaciones sobre su uso responsable. Un ejemplo reciente es la Circular 3/2026 del Consejo General de la Abogacía Española, que recuerda que la inteligencia artificial debe entenderse como una herramienta de apoyo y nunca como un sustituto del criterio profesional. La responsabilidad sobre el trabajo realizado continúa correspondiendo a la persona que lo firma o presenta.
Aunque esta Circular se dirige específicamente al ejercicio de la abogacía, muchas de sus recomendaciones pueden trasladarse a cualquier organización.
La inteligencia artificial debe entenderse como una herramienta de apoyo y nunca como un sustituto del criterio profesional.
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- La IA debe asistir, no decidir
Las herramientas de inteligencia artificial son excelentes para elaborar borradores, resumir información o proponer alternativas, pero las decisiones relevantes siempre deben ser revisadas por una persona.
- Revisar siempre el contenido generado
Los modelos generativos pueden producir información incorrecta, inventar referencias o interpretar erróneamente determinados datos. Antes de utilizar cualquier resultado es imprescindible comprobar su exactitud.
- Proteger la información confidencial
No toda la información empresarial debe introducirse en plataformas de IA. Es recomendable evitar el tratamiento de datos personales, información estratégica o documentación confidencial salvo que existan garantías suficientes y el tratamiento sea conforme con la normativa aplicable.
- Establecer políticas internas de uso
Las empresas deberían definir qué herramientas pueden utilizarse, qué información puede compartirse, quién puede utilizarlas y en qué supuestos es necesaria una supervisión adicional.
- Formar a los trabajadores
La alfabetización en inteligencia artificial ya constituye una obligación prevista por el RIA. La formación no debe limitarse al funcionamiento técnico de las herramientas, sino incluir aspectos relacionados con la privacidad, la seguridad de la información, los sesgos y los riesgos legales.
- Mantener siempre la supervisión humana
Delegar completamente una tarea profesional en una herramienta de IA incrementa el riesgo de errores y dificulta la identificación de responsabilidades. La intervención humana continúa siendo un elemento esencial para garantizar la calidad y la fiabilidad de los resultados.
La inteligencia artificial ha llegado para quedarse
La inteligencia artificial representa una de las mayores oportunidades de transformación de los últimos años. Permite automatizar tareas repetitivas, optimizar procesos, mejorar la productividad y dedicar más tiempo a actividades de mayor valor añadido. Bien utilizada, puede convertirse en una aliada imprescindible para empresas de cualquier tamaño.
Sin embargo, el entusiasmo por estas tecnologías no debe hacer olvidar que su utilización sigue estando sometida al ordenamiento jurídico. El Reglamento de Inteligencia Artificial, la Ley Orgánica de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales (LOPDGDD) y el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) forman parte de un mismo ecosistema normativo cuyo objetivo es garantizar que la innovación avance sin comprometer los derechos de las personas.
El verdadero reto no consiste en decidir si utilizar o no la inteligencia artificial, sino en aprender a integrarla de forma responsable.
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Encontrar ese equilibrio permitirá aprovechar todo su potencial sin renunciar a la seguridad jurídica, la protección de los datos personales y la confianza que deben presidir cualquier actividad profesional.
Preguntas frecuentes
Sí. Su aplicación depende del uso que la empresa haga de la inteligencia artificial, no de su tamaño.
Debe proteger los datos, formar a su equipo, revisar los resultados y mantener la supervisión humana.
Su aplicación es progresiva desde su entrada en vigor en 2024.
Las sanciones varían según la gravedad de la infracción y pueden incluir multas económicas y otras medidas correctivas.
¿Tu empresa ya está preparada para utilizar la IA de forma responsable?
En LVS2 ayudamos a las empresas a saber qué IA están utilizando, establecer cómo debe utilizarse y formar a cada equipo según sus riesgos reales.
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